Las últimas tres horas no fueron mucho más interesantes que de costumbre, y las cinco amigas no cambiaron demasiado sus actividades en torno a las clases. Después de terminar la jornada, cada una fue a su habitación. Amaia se dirigió a los dormitorios Alba, el edificio más al sur de todo el campus. Su habitación era una de las mejor orientadas. Su balcón daba directamente al mar, y siempre, por la noche, dejaba la cortina sin correr y se dormía mientras miraba al mar y a la luna.
Se tomó una ducha, se puso el albornoz y mientras que se secaba el pelo con la toalla se sentó en la cama con su libreta. Empezó a sonar la canción de “Wanabe” en su móvil. Lo cogió para ver el sms que le había llegado.
<< dntro d 20 min n l dormi LN pa ir a la cafe ok?>>
Nunca viene mal tomar un poco de aire y echarse unas risas se dijo. Se acercó al equipo de música y conectó su móvil. En unos segundos empezó a sonar “Cuando me enamoro” de Enrique Iglesias, y enseguida pensó en Alice.
<<…y si tuviera el naufragio de un sentimiento, sería un velero en la isla de tus deseos […] cuando me enamoro, a veces desespero, cuando me enamoro, y cuando menos me lo espero me enamoro, me viene el alma al cuerpo, sonrío, cuando me enamoro>> ¿Alice sentiría todo eso?
Se puso sus vaqueros favoritos, una sudadera negra y rosa y sus All Stars rosa chicle. Una vez había jurado casarse con esas zapatillas. Se puso un bálsamo para los labios y sus Ray Ban de piloto. Metió lo que necesitaba en su mochila de piel y salió puerta p´a fuera.
yo y solo yo
lunes, 16 de agosto de 2010
Capítulo 2
Como todos los días, los alumnos del internado caminaban en masa hacia la cancha del recreo, todos iguales, con sus uniformes de invierno. Amaia se había quedado un momento más en clase para ayudar a Valeria a recoger el destrozo que había hecho. Las demás se habían marchado al recreo para coger sitio en la cancha. Ahora, Valeria y Amaia, de más o menos un metro sesenta las dos, intentaban encontrar a sus amigas entre un montón de gigantescos chicos de cuarto curso de secundaria y los estudiantes de bachillerato. Era imposible.
_Mira, mejor las esperamos en la cancha, que sino vamos a quedar o sepultadas entre estos motrocos o con el cuello dislocado de tanto estirarlo.
_Sí, tienes razón. Vamos.
Alice, Lily y Alex se sentaron en el sitio de siempre, en la parte más alejada del resto de la cancha. Donde ya era costumbre
Un rato después aparecieron Amaia y Valeria. Se sentaron cada una en su sitio de siempre y después de comer se pusieron a jugar a las cartas.
Después de que Alex ganara por enésima vez al cinquillo, Sam y Borja se sentaron con ellas para hablar.
_ ¿Qué? ¿Aburridas en tecnología?_ dijo Sam mirando directamente a Alex.
_SÍ.
_Sí…
_Mucho.
_ ¿Tú qué crees?
_ No tanto…
Todos se viraron a una hacia Alice y entonaron un sonoro:
_ ¿EING?
Alice giró la cara para que no la vieran sonrojarse y empezó a recoger las cartas y a barajarlas. Todos los demás, incluidos Sam y Borja, suspiraron exasperados. La Alice enamorada era un incordio insoportable para todos.
Amaia notó la incomodidad de Alice, así que decidió cambiar de tema.
_ Y, bueno…dime Borja, ¿cómo te fue el examen de sociales?
_ Tal y como tú habías dicho. Suspendí.
_ Ves Amaia, eres adivina, ¿qué hace falta que pase? ¿ que seas capaz de meterte en una lámpara mágica?_ dijo Sam. No era la primera vez que Amaia acertaba en sus predicciones, pero eran cosas triviales, incluso obvias, por eso solo Sam, Alice y Valeria creían en ella. El resto, incluida Amaia, pensaban que era una verdadera gilipollez.
_ Vamos a ver, Sam, BORJA SIEMPRE SUSPENDE LOS EXÁMENES, ¡siempre!
_ Bueno, quizas…
_ ¡¿QUIZAS?!
_ Vale, vale. Sí, tienes razón, Borja siempre suspende.
_ Es tonto el niño.
_ Siempre, no falla una vez.
_ Hay que ser muy bueno para fallar todas las preguntas…
_... de un tipo test.
_¡¡¡BUENO, YA ESTÁ!!!_ gritó Borja molesto. Todos estallaron en carcajadas
_Mira, mejor las esperamos en la cancha, que sino vamos a quedar o sepultadas entre estos motrocos o con el cuello dislocado de tanto estirarlo.
_Sí, tienes razón. Vamos.
Alice, Lily y Alex se sentaron en el sitio de siempre, en la parte más alejada del resto de la cancha. Donde ya era costumbre
Un rato después aparecieron Amaia y Valeria. Se sentaron cada una en su sitio de siempre y después de comer se pusieron a jugar a las cartas.
Después de que Alex ganara por enésima vez al cinquillo, Sam y Borja se sentaron con ellas para hablar.
_ ¿Qué? ¿Aburridas en tecnología?_ dijo Sam mirando directamente a Alex.
_SÍ.
_Sí…
_Mucho.
_ ¿Tú qué crees?
_ No tanto…
Todos se viraron a una hacia Alice y entonaron un sonoro:
_ ¿EING?
Alice giró la cara para que no la vieran sonrojarse y empezó a recoger las cartas y a barajarlas. Todos los demás, incluidos Sam y Borja, suspiraron exasperados. La Alice enamorada era un incordio insoportable para todos.
Amaia notó la incomodidad de Alice, así que decidió cambiar de tema.
_ Y, bueno…dime Borja, ¿cómo te fue el examen de sociales?
_ Tal y como tú habías dicho. Suspendí.
_ Ves Amaia, eres adivina, ¿qué hace falta que pase? ¿ que seas capaz de meterte en una lámpara mágica?_ dijo Sam. No era la primera vez que Amaia acertaba en sus predicciones, pero eran cosas triviales, incluso obvias, por eso solo Sam, Alice y Valeria creían en ella. El resto, incluida Amaia, pensaban que era una verdadera gilipollez.
_ Vamos a ver, Sam, BORJA SIEMPRE SUSPENDE LOS EXÁMENES, ¡siempre!
_ Bueno, quizas…
_ ¡¿QUIZAS?!
_ Vale, vale. Sí, tienes razón, Borja siempre suspende.
_ Es tonto el niño.
_ Siempre, no falla una vez.
_ Hay que ser muy bueno para fallar todas las preguntas…
_... de un tipo test.
_¡¡¡BUENO, YA ESTÁ!!!_ gritó Borja molesto. Todos estallaron en carcajadas
Capítulo 1
Estaban en la tercera hora, casi al final de la clase de tecnología, quedaban apenas 15 minutos para la hora del recreo, pero ellas ya no aguantaban más. Sus fascinantes actividades desde hacía ya rato eran:
Amaia: Miraba por el ventanal e imaginaba formas en las sombras de las nubes que había en el mar, mientras que intentaba que no se le cayera un lápiz que tenía entre la nariz y el labio, y se enrollaba un mechón de pelo rizado con el dedo.
Lily: Se miraba DISIMULADAMENTE en el CD que trae el libro de tecnología y parecía muy concentrada en llenarse su larga melena de trenzas.
Alice: Era la única que parecía prestar un mínimo de atención a la clase. Tenía la mirada fija en la parte delantera de la clase, hacia donde estaba la pizarra. Lo que poca gente sabía era que la más pequeña de la clase no miraba precisamente al profesor, sino a su “apuesto” príncipe azul, que tomaba frenéticamente apuntes de todo lo que salía de la boca del profesor.
Valeria: Parecía muy concentrada en hacer que su torre de lápices y gomas no se desmoronase encima de su mesa.
Alejandra: Miraba hacia la mesa de Amaia con cara de estar pensando en una travesura.
Alejandra arrancó ruidosamente un papel de su libreta, lo dobló varias veces y con un golpe de dedo lo mandó en dirección a la mesa de Amaia. El papelito voló por la clase de lado a lado, sacando de un golpe a Lily de su ensoñación, al pasarle el papelito por delante de sus narices, dándole en la cabeza a Sam, el compañero de mesa de Amaia. Sam soltó un grito de sorpresa. Amaia giró bruscamente la cabeza, haciendo que se cayera el lápiz que tenía en los labios al suelo. Todos los que presenciaban la escena se echaron a reír. El profesor gritaba a sus alumnos que PARASEN DE REIRSE. Tanto barullo desconcentró a Valeria en su afán por hacer una torre gigante a base de material de escritorio y todo lo que ya había hecho, que no era poco, cayó irremediablemente al suelo, haciendo un estruendo monumental. Todas las personas que había en la clase se giraron para ver mejor lo que había pasado. En ese momento, al girarse, Charles, el friki del que se había enamorado Alice, vio como ella le estaba mirando con cara de estar soñando. Inmediatamente, y como era de esperar, ella enrojeció hasta la raíz de su corto cabello moreno. El profesor abrió la boca para decir algo, pero con un gran estruendo sonó la campana del instituto, todos los alumnos salieron haciendo bulla, mientras se iban reuniendo lentamente en los grupitos habituales de amigos, dejando como de costumbre al profesor con la palabra en la boca.
Amaia: Miraba por el ventanal e imaginaba formas en las sombras de las nubes que había en el mar, mientras que intentaba que no se le cayera un lápiz que tenía entre la nariz y el labio, y se enrollaba un mechón de pelo rizado con el dedo.
Lily: Se miraba DISIMULADAMENTE en el CD que trae el libro de tecnología y parecía muy concentrada en llenarse su larga melena de trenzas.
Alice: Era la única que parecía prestar un mínimo de atención a la clase. Tenía la mirada fija en la parte delantera de la clase, hacia donde estaba la pizarra. Lo que poca gente sabía era que la más pequeña de la clase no miraba precisamente al profesor, sino a su “apuesto” príncipe azul, que tomaba frenéticamente apuntes de todo lo que salía de la boca del profesor.
Valeria: Parecía muy concentrada en hacer que su torre de lápices y gomas no se desmoronase encima de su mesa.
Alejandra: Miraba hacia la mesa de Amaia con cara de estar pensando en una travesura.
Alejandra arrancó ruidosamente un papel de su libreta, lo dobló varias veces y con un golpe de dedo lo mandó en dirección a la mesa de Amaia. El papelito voló por la clase de lado a lado, sacando de un golpe a Lily de su ensoñación, al pasarle el papelito por delante de sus narices, dándole en la cabeza a Sam, el compañero de mesa de Amaia. Sam soltó un grito de sorpresa. Amaia giró bruscamente la cabeza, haciendo que se cayera el lápiz que tenía en los labios al suelo. Todos los que presenciaban la escena se echaron a reír. El profesor gritaba a sus alumnos que PARASEN DE REIRSE. Tanto barullo desconcentró a Valeria en su afán por hacer una torre gigante a base de material de escritorio y todo lo que ya había hecho, que no era poco, cayó irremediablemente al suelo, haciendo un estruendo monumental. Todas las personas que había en la clase se giraron para ver mejor lo que había pasado. En ese momento, al girarse, Charles, el friki del que se había enamorado Alice, vio como ella le estaba mirando con cara de estar soñando. Inmediatamente, y como era de esperar, ella enrojeció hasta la raíz de su corto cabello moreno. El profesor abrió la boca para decir algo, pero con un gran estruendo sonó la campana del instituto, todos los alumnos salieron haciendo bulla, mientras se iban reuniendo lentamente en los grupitos habituales de amigos, dejando como de costumbre al profesor con la palabra en la boca.
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